Apretando heridas

— ¿Qué ocurre?
— Me dejó este libro para que lo leyera cuando ella ya no estuviera.
— ¿Y por qué lloras?
— Porque lo voy a empezar.

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¿Miedo dices?

— ¿No tuviste miedo?
— ¿Cómo? ¡Te olvidas de que estás hablando con un especialista en miedo! Las sombras, los escalofríos, son mi especialidad.
— ¡Bueno, los payasos no se pasan todo el día riendo! Podrías tener miedo de vez en cuando, ¿no?
— Bufff, nada que ver, nada que ver.
— ¿Y qué ocurrió con la chica que se escondía en tu corazón?
— Nunca regresó, entonces la reconstruí con los maravillosos recuerdos que me dejó y con granos de sueños que ella sembró un poco por todas partes de mí antes de marcharse. Modelé una esquina de mi sobra a su imagen, igual que Gepetto con Pinocho, pero en versión enamorada, salvo que yo nunca logré darle vida realmente. Sin embargo, ella aún me ilumina, y en ocasiones me quema porque no la olvido.