Cosas que desaparecen cuando desordenas los cajones

Y aquí estamos otra vez. Otra vez ante el folio en blanco, otra vez ante el cursor parpadeante que te recuerda lo difícil que es pensar cuando no dejas de pensar, otra vez sin saber como narrarte como fue mi pequeña aportación al amor.

Esta vez puede que fuera simplemente monosílabo, ya da igual. Paja, blog, y vuelta a empezar.

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Yo

A veces pienso que no me gusta vivir tranquilo, quiero decir… joder, ¡tengo que liarla de vez en cuando! tengo que meterme en problemas o mirar a la chica de otro de forma evidente, no porque ella me guste, sino por el simple hecho de buscarme una bronca. No me malinterpretéis, no soy un camorrista ni nada por el estilo, pero creo que mi subconsciente tiene cierto grado de masoquismo o retraso. Siempre acabo lleno de moratones, posiblemente con algo roto y con la adrenalina por las nubes.

Después me miro al espejo y me grito, sí, me grito, me insulto y me peleo conmigo mismo. Puede sonar absurdo, lo sé, pero… ¿Sabéis? Creo que en el fondo me gusta ser yo. Al fin y al cabo, ¿quién iba a serlo mejor?

Proyectos que nunca fueron

El despertador marcaba las cinco y veinte, Beatriz estaba tumbada en su cama sin poder dejar de darle vueltas a lo que había visto aquella misma tarde, los azules ojos de su vecina, la señora Aguilar, atormentaban su mente, abiertos como platos, vacíos y desprovistos de todo su antiguo esplendor. No podía quitarse de la cabeza el hedor que inundaba la casa de la mujer, los regueros de color rojo vivo que recorrían la casa en dirección a la cocina, ni las nauseas que sintió al ver a la pobre anciana destripada sobre la mesa. La casa estaba arrasada, nadie sabría decir a ciencia cierta si había sido un asesinato o un huracán lo que había destrozado el apartamento, allí estaba ella, delante del cadáver de la pobre mujer, su cabeza colgando sobre el borde de la mesa, y sus yermos ojos mirándola fijamente… acusando…

Cosas que aparecen cuando ordenas los cajones

(…) Y en realidad no sé como narrarte cómo fue mi pequeña aportación al amor, el monosílabo más largo qué conozco… ¿O es bisílabo? A – mor… beh, da igual, en cualquier caso el nuestro era un amor trisílabo, tú, yo y él.
Puede parecer la clásica historia chico conoce a chica, se enamoran, ella conoce a otro pero su corazón la devuelve con el bueno. Jé, menuda mierda. Al final ella se va con el chulo de la moto de cross con la puta pegatina de Pachá Ibiza. El bueno llora, se hace una paja y escribe mierdas en un bloq.
¿Quién sabe? Puede que yo no fuera el bueno después de todo… Puta de mierda.